Ciudad de Buenos Aires a las 8 de la mañana.
Policía en la calle. Todos los días servicio en el mismo lugar.
Un día en un edificio a refaccionar, aparece un pintor para pintar la fachada. Luego de varios saludos cordiales a lo "macho" durante varios días, el pintor le hace una media sonrisa picara y le cuenta un chiste. El policía no para de reír.
Días mas tarde se invitan a tomar algo luego del trabajo. Unas birras. Tranqui.
A las semanas siguientes, ya entrados en confianza, vuelven por unas birras. Se emborrachan. Se miran enamorados.
Al día siguiente, ninguno de los dos aparece en su trabajo nunca más.