Una tarde gris.
Barrio. Suburbio.
Una casa gris.
Habitación gris.
Suena el teléfono.
El hombre gris atiende.
Es el vecino pidiéndole si puede cortar una planta que creció demasiado y esta pasando para su patio.
El hombre gris le comenta, en buenas formas, que estaba considerando sacarla completa, porque crece muy rápido, es muy invasiva y no permite pasar el sol, entonces las plantas que la rodean no pueden crecer.
Se despiden.
Corta.
Sale al patio a contemplar la enorme planta. Observa las ramas pasando para la casa del vecino.
Se va a dormir.
Al otro día, a la tarde, sale nuevamente al patio a contemplar la enorme planta.
Le habla.
Le dice: "me da lástima tener que cortarte, pero ya es imposible convivir con vos."
Al otro día sale al patio con el serrucho en la mano.
Coloca una escalera y sube para empezar a cortar desde arriba.
Al rato, el suelo esta lleno de ramas y afiladas espinas.
Estando allá arriba, nota que en la planta habitan varios insectos y unas extrañas arañas.
Cuando desciende de la escalera para tomar agua, se rasca la espalda. Nota que tiene un bulto. Se mira en el espejo y es una picadura.
No le da importancia aunque le da mucha comezón.
Agarra una bolsa para empezar a poner las ramas en ella. Se clava varias espinas. Sangra.
Se desinfecta y vuelve a subir.
Mientras esta arriba comienza a sentirse mareado. Esta muy sudado. Baja nuevamente. Le pican mucho el pecho y los brazos. Se mira al espejo. Las picaduras están muy inflamadas al igual que los pinchazos de las espinas.
Toma un descanso, un poco de agua y retoma la tarea.
Estando subido en la escalera, las ramas se le meten entre los pelos y le rozan los brazos al serruchar. Lo raspan con las espinas.
Empieza a sentirse afiebrado, pero continúa con furia.
Delira. Siente paranoia de todo ese mundo que lo rodea suspendido en el aire. Un micro-mundo del cual ahora el es parte, pero en el rol de invasor.
Ve como las hojas, las ramas con sus espinas y los insectos, lo rodean y lo aprisionan. Siente que se están defendiendo su territorio, su hogar, dando batalla al invasor, o sea, al hombre gris que busca el sol.
Estas imágenes giran a su alrededor de manera vertiginosa.
Mil vueltas a una velocidad epiléptica.
(Plano cenital)
El hombre gris cae muerto entre las ramas.